¿Cómo sería la forma de un ensayo sin un tema? No ideas but in things, ¿sólo cosa del poema? ¿O es posible hacer de la pregunta sin objeto, la pregunta misma, la exploración sola, el devenir del tecleo, la idea misma? Una especie de disciplina para encontrarle el sentido a lo que pasa. Lo que pasa diario como una serie de cosas que no pasan: un acontecer de espacios en blanco. Esto es un cuento que ya he contado antes. Todas son viejas preguntas. ¿Para qué sirve esto, para qué sirve lo otro, para qué todo? La función del ensayo, ¿cuál es si no la de explorar su propia posibilidad? Pero en un mundo donde la opinión se maximiza y masifica, ¿dónde queda la escritura como devenir lúdico, como juego de ‘atención plena’, no en el objeto que describe, sino en su ejercicio mismo? Estas no son preguntas de investigación, research questions que obedezcan a hipótesis y que dicten la elección de una metodología. No se trata de un proyecto. Se trata de este ejercicio de la nada. Ya se hizo, ¿por qué volverlo a hacer? Para ver qué pasa con la mente, y con los dedos, con el lenguaje. Porque esto está en español, lengua materna que cada día dejo más y más en desuso oralmente, pero que intento, juguetonamente, seguir escribiendo. Un español que sólo existe en su mayoría para mí de forma escrita, pero que sólo, de algún modo, algunos días, vuelve a la vida -como coctel- sólo cuando puedo ‘hablarlo’, es decir cuando no se escribe. ¿De qué hablamos cuando no hablamos de nada, sólo por hablar, para usar la lengua que sin pensarlo heredamos al nacer? El resto es silencio o traducción. ¿Cómo sería la forma de un ensayo sin un tema?