Trayecto

¿Cómo sería la forma de un ensayo sin un tema? No ideas but in things, ¿sólo cosa del poema? ¿O es posible hacer de la pregunta sin objeto, la pregunta misma, la exploración sola, el devenir del tecleo, la idea misma? Una especie de disciplina para encontrarle el sentido a lo que pasa. Lo que pasa diario como una serie de cosas que no pasan: un acontecer de espacios en blanco. Esto es un cuento que ya he contado antes. Todas son viejas preguntas. ¿Para qué sirve esto, para qué sirve lo otro, para qué todo? La función del ensayo, ¿cuál es si no la de explorar su propia posibilidad? Pero en un mundo donde la opinión se maximiza y masifica, ¿dónde queda la escritura como devenir lúdico, como juego de ‘atención plena’, no en el objeto que describe, sino en su ejercicio mismo? Estas no son preguntas de investigación, research questions que obedezcan a hipótesis y que dicten la elección de una metodología. No se trata de un proyecto. Se trata de este ejercicio de la nada. Ya se hizo, ¿por qué volverlo a hacer? Para ver qué pasa con la mente, y con los dedos, con el lenguaje. Porque esto está en español, lengua materna que cada día dejo más y más en desuso oralmente, pero que intento, juguetonamente, seguir escribiendo. Un español que sólo existe en su mayoría para mí de forma escrita, pero que sólo, de algún modo, algunos días, vuelve a la vida -como coctel- sólo cuando puedo ‘hablarlo’, es decir cuando no se escribe. ¿De qué hablamos cuando no hablamos de nada, sólo por hablar, para usar la lengua que sin pensarlo heredamos al nacer? El resto es silencio o traducción. ¿Cómo sería la forma de un ensayo sin un tema?

Ni siquiera la muerte

“Ni siquiera la muerte permanece”

-José Emilio Pacheco, citado por Mario Benedetti

 

Ni siquiera la muerte

se deshace de este polvo.

Cae sobre cada superficie

de esta casa como la lluvia

cae cada noche de estos días

en que vuelvo a este lugar

en que vivió y murió mi padre.

A lo único que de niños aprendimos

a temerle fue a que se cayera el techo,

sí, sobre nuestras cabezas.

Llegó el diluvio y se llevó los libros,

el piso y uno que otro mueble.

Por todos lados quedan cicatrices.

Se funden los focos y la oscuridad queda

y el agua gotea y los perros ladran.

Lo que queda del hombre, atrapado

entre las tapas de sus libros.

Quisiera volver a la palabra

pero lo único que queda son silencios.

 

 

 

Día de las Humanidades Digitales 2013 (en español y portugués)

Día de las Humanidades Digitales 2013

[Find my DíaHD 2013 blog here].

[I also published this post on 4Humanities, here.]

[I also posted this announcement as an event on HASTAC, here.].

English message followed by Spanish.

I have copied and pasted below (with some minor editorial formatting) the message emailed by my colleague Isabel Galina (Red de Humanidades Digitales RedHD).

Some of you may be interested in the following invitation to participate in DíaHD (Día de Humanidades Digitales) to be held on 10th of June 2013.

Similarly to DayofDH the aim of the project is to document for one day what digital humanists do. This particular version focuses on digital humanists from the Portuguese and Spanish speaking countries or researchers from other parts of the world that work primarily in these languages.

We hope to provide a forum that will help us identify digital humanists in these regions as well as providing them with the opportunity to share their work.
DíaHD is organized by:

  • CenterNet
  • Humanidades Digitales Hispánicas. Sociedad Internacional (HDH)
  • Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México
  • Red de Humanidades Digitales (RedHD)
  • Faculdade de Ciências Sociais e Humanas, Universidade Nova de Lisboa
  • Humanidades Digitais, Universidade de São Paulo

Please distribute as widely as possible.

——–
DíaHD

Se convoca por primera vez el Día de las Humanidades Digitales. Inscríbanse antes del 10 de junio los interesados en proyectos en que concurren Humanidades y Cómputo en http://dhd2013.filos.unam.mx/ y participa.

Un día en la vida de las Humanidades Digitales (Día HD) es un proyecto de publicación digital común abierta, que convoca a investigadores de todo el mundo interesados en las Humanidades Digitales (principalmente los que hablen o trabajen en español o portugués) para que documenten con texto e imagen (durante un día) las actividades que desarrollan.

El objetivo del proyecto es ofrecer en un sitio web el panorama de la actividad desarrollada por los participantes congregados en el evento, de forma que se contribuya a dar respuesta a la pregunta: ¿qué es lo que hacen realmente los humanistas digitales?

El proyecto se ha realizado en años anteriores en inglés, y este año se acomete la iniciativa en español y portugués.
¡Inscríbete en http://dhd2013.filos.unam.mx y participa!

Síguenos en Twitter @Red_HD y #DiaHD.

  • DíaHD es organizado por:
  • CenterNet
  • Humanidades Digitales Hispánicas. Sociedad Internacional (HDH)
  • Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México
  • Red de Humanidades Digitales (RedHD)
  • Faculdade de Ciências Sociais e Humanas, Universidade Nova de Lisboa
  • Humanidades Digitais, Universidade de São Paulo

2004: “Écoute: Algunas notas sobre el deejaying”

[As originally posted on Never Neutral, 13 May 2004].


(“Tenemos hoy por evidencia que no hay arte sin oficio, la actividad artística es irreductible a una actividad mecánica […] Existe obra de arte cuando el instrumento se olvida, supera, casi se escamotea, en bien del gesto inspirado, imprevisible…”

-Régis Debray


Del “gesto inspirado” a la escucha

El deejay es sin duda una de las figuras protagónicas de las escenas artísticas de la actualidad. Desde los 70, un progresivo develamiento de esta otrora oscura figura ha devenido en su conversión al stardom, que así como construye ídolos populares al instante también puede derrocarlos en incluso menos tiempo. Hasta hace poco la labor del deejay era motivo de cuchicheos y miradas de reojo: a ciencia cierta, pocos sabían lo que sucedía detrás y sobre ese par de tornamesas. Ahora, las urbes más vanguardistas del mundo hospedan fiestas donde cada deejay es sujeto de atenta vigilancia de connoisseurs de brazos cruzados que no dejan escapar el más leve cuatrapeo, que reconocen los tracks de incluso los white labels más extraños y que valoran y evalúan el discurso personal de cada montadiscos siguiendo complejos criterios especializados. Cada vez es más común presenciar un par de tornamesas y una mezcladora en museos y galerías dedicadas al arte contemporáneo, las revistas de música y cultura popular les dedican sus portadas, los nombres más famosos viajan en avión de una fiesta a otra la misma noche o trabajan en cabinas diseñadas con materiales preciosos bajo pedido de sus a veces sobrevalorados usuarios.

Sería pues anacrónico pretender explicar en estos tiempos la importancia de la labor, el oficio, el arte del deejaying: a estas alturas, pensaríamos que aquellos días oscuros en que se le consideraba una actividad parasitaria para subnormales ha sido trascendida. (Recordemos, como muestra, el grito de guerra morrisseyano característico de los ochenta sobre la intrascendente superficialidad del dj –hang the deejay– así como las duras críticas del punk de la primera mitad de los noventa que acusaban la pusilánime volubilidad de los que gustosos danzaban al beat del sonido disco –you’ll dance to anything). Sin embargo, creemos necesario hacer una crítica de lo que se ha denominado overhyping: sólo un análisis de lo que aporta cultural, social, política y artísticamente la labor del deejay podrá permitirnos reconocer cuándo su apreciación consiste en una justa valoración de sus aportaciones y cuándo, simplemente, en una vulgar campaña publicitaria generalizada que ha visto en esta actividad una forma más de sacarle dinero a los incautos.

Urge preguntarse por qué, a nivel mundial, se considera que ciertos deejays, y no otros, resultan “los mejores”, y por qué, en algunos casos, se les ha construido cultos a la personalidad muy similares a los que anteriormente gozaban los grupos de rock. Para poder responder esta pregunta, habrá que re-plantearse primero qué es lo que hace un deejay. Si, técnicamente, lo que hace un deejay es re-estructurar piezas de discurso previamente estructuradas por terceros o en muchos casos por sí mismo (es decir, discos de acetato) en un discurso mayor mediante su reorganización a través de la mezcla o superposición de patrones rítmicos y melódicos de muchas fuentes sonoras distintas, (es decir, un set) ¿cómo valorar su trabajo? ¿Cómo reconocer la diferencia, por ejemplo, entre dos disc jockeys que, hipotéticamente, trabajen con exactamente los mismos discos? Quisiéramos plantear aquí lo que llamaremos “la escucha” del deejay (así como en la fotografía nos referimos a “la mirada” del fotógrafo). Así como saber oprimir el obturador, revelar e imprimir no hace al fotógrafo, saber empalmar beats no hace al deejay. El set de un deejay como obra de arte tendría, casi, que olvidarse de su instrumento, trascender la técnica. Entonces, ¿en qué radicaría “la escucha” del deejay, su “gesto inspirado”?

De las tornamesas como prótesis y el dj como cyborg [un paréntesis]


“La relación entre el organismo y las máquinas ha dado pie a una guerra de fronteras. Las zonas de litigio de dicha guerra han sido los territorios de la producción, la reproducción y la imaginación.”

-Donna J. Haraway, A Manifesto For Cyborgs

El acceso al recurso tecnológico se vuelve prótesis, extensión del cuerpo y de la mente: quien no tiene acceso a estos bienes está incapacitado, se vuelve vulnerable, explotable, ninguneable. Irreconocible por el resto del mundo. Destinado a desaparecer. (Sólo se es dj si se tienen discos de acetato y una mezcladora y un par de tornamesas). Catalizador de la diferencia, acentuadora de la polarización, la tecnología hace evidente la virtualización. La nueva metafísica post-desconstrucción es la de un mundo todavía dividido: el espacio de la información, el ámbito mass mediático por un lado, y el mundo común y corriente, vulgar, duro y craso, por el otro. La esfera mass mediática es puro flujo: se convierte en la posibilidad de la creación: pero no de la resolución. El proceso es en sí mismo flujo: la resolución es estática. Engolosinada en su misma simulación, los mass media se conforman con crear sólo lo virtual y en consolidarlo. No es que el medio sea el mensaje: es que sólo habrá mensaje si hay los medios, y los medios, se diga lo que se diga, no son para todos.

Digámoslo: no hay nada más humano que la técnica. La escritura y el arte, como máximos y más antiguos ejemplos de techné, potencian la virtualización, de por sí potencia, incluso aún más. Es en el campo del arte contemporáneo, incluida la escritura, donde la virtualización, entonces, encuentra su fuerza, su obvio movimiento. La expresión se vuelve dependiente del recurso tecnológico: el acontecimiento real se vuelve representación de la representación. El que lo que vemos en el monitor posea el aura de lo virtual no lo hace más real: la simulación no está exenta de consecuencias objetivas, actuales. El terrorismo y los fundamentalismos son la actualización en pleno: la repetición de las imágenes videograbadas y transmitidas a todo el mundo via satélite, la transmisión de la muerte en vivo y en directo, el teatro del mundo representado en T.V., el suicidio-asesinato de las dos torres gemelas, las fotos de la vejación de los iraquíes por el ejército británico o el video-loop de la decapitación del prisionero no son pura simulación: es la muerte, el asesinato, la trascendencia de lo virtual: pura, terrible, irreductible, injustificable actualización. ¿No hay terrorismo también en la transmisión -y, por lo tanto, reproducción y recepción- del acto terrorista mismo? Los medios son indestructibles: es el entorno en el que vivimos, en el que habitamos. Y no es que sólo habitemos: el hábitat nos habita.

El arte contemporáneo busca, de nuevo, la excedencia y la exterioridad: el performance, el happening, la intervención, la instalación, el graffiti, los bombs y los tags, el arte sonoro y la música electrónica, el cómic y los videojuegos construyen realidades todo el tiempo: juegan dentro de una lógica mayor, institucional. Vamos a ver el museo, no lo que hay dentro del museo: los tours virtuales por galerías, espacios museográficos y universidades desde una computadora conectada a la línea telefónica en cualquier parte del mundo sustituye el estar ahí: pura repetición; el original ha perdido para siempre su aura sólo para recuperarla con más fuerza. Porque para estar ahí ya no es necesario estar ahí, quienes vuelvan a las “presencias reales” tendrán nuevamente la supremacía. Peligro inminente de la virtualización y del vértigo cultural por el escape, por la exterioridad y la excedencia. El arte, quizá, tenga que enfrentarse a este desafío: superar la técnica, olvidar el recurso tecnológico, utilizarlo casi como si no estuviese ahí. El photo shop, el hipertexto electrónico y el arte electrónico, analógico y digital sólo hacen más evidente lo que siempre ha sido cierto: la representación estética es tan real como cualquier acontecimiento, y al mismo tiempo más sublime, perteneciente a otra esfera. El “gesto inspirado” del artista sería parte del proceso doloroso de la identidad: superar la técnica, trascender el medio se antoja como una empresa quimérica.

Las identidades nacionales también se construyen en la virtualización. Las fronteras, sin embargo, se vuelven más duras y más evidentes que nunca: los consulados y embajadas niegan visas y pasaportes. Estar ahí, actualmente, se vuelve cada vez más difícil para el grosso de la problación. Las identidades de los pueblos ven en el arte contemporáneo y popular sus expresiones quizá más delatoras. La música híbrida, el sampleo y loopeo del archivo sonoro de la humanidad sólo manifiesta lo actual de la hibridación y la imperancia de las sociedades mestizas.

Y, de todos modos, lo que impera es la polarización y la búsqueda de lo homogéneo: lo que se busca es la regularización de un discurso, no importando de donde provenga. (Pensemos: Nortec, Sr Coconut, Tosca, y un larguísimo et al). Definidas por la técnica y el recurso tecnológico, las identidades nacionales, políticas, se construyen sólo en repetición, perpetuación y copia. Por eso, ¿cómo reconocer a un dj de otro, cuando se mezclan los mismos discos, cuando se distribuyen globalizadamente, cuando la herramienta es la misma, homogénea, unívoca? ¿Cómo se construye la identidad del disc jockey, del músico de laptop?

Pero esto es tan sólo un paréntesis.)